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La manteca, al igual que la mantequilla, se utilizaba para proteger la piel. Tras la llegada de las margarinas vegetales, la importancia de la manteca disminuyó y se empezó a utilizar mucho menos en nuestra cocina.

Naturalmente, hoy en día el alto valor energético y el elevado contenido de grasa de la manteca aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Por lo tanto, el problema no es la manteca en sí, que de hecho es una de las mejores y más baratas grasas para freír, sino más bien el hecho de que hoy, debido a los malos hábitos alimenticios, consumimos tantas grasas animales que, en tal cantidad, son perjudiciales para nuestro cuerpo. Sin embargo, la manteca es mucho más adecuada para freír que los aceites vegetales, ya que tiene una estabilidad térmica muy alta.

Tiene un sabor dulce y una naturaleza fría, tonifica, desintoxica e hidrata.