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Para los jardineros es una mala hierba molesta, pero para los herbolarios esconde un enorme poder curativo. Las primeras hojas de primavera combaten la fatiga primaveral y aportan vitaminas al cuerpo. Las amas de casa utilizaban las hojas para preparar ensaladas y las añadían a las comidas, preparaban con ellas una sopa verde de primavera junto con ortiga y otras hierbas para favorecer la ingesta de vitaminas después del invierno.

Las hojas de diente de león contienen vitaminas A, B, C y D, betacaroteno y, entre los minerales, silicio, potasio, calcio y hierro.

La raíz contiene principios amargos, taninos, fitoncidas, inulina, colina, esteroles, resinas, aceites esenciales, proteínas y, entre los minerales, cobre, manganeso y potasio.

El remedio medicinal es principalmente la raíz, que debe recolectarse en otoño. Su sabor amargo la predestina para el tratamiento de todos los problemas digestivos. Favorece la actividad del hígado, la vesícula biliar (previene la formación y el crecimiento de cálculos biliares), los riñones y los intestinos, estimula la producción de glóbulos rojos y la hematopoyesis, y tiene un fuerte efecto depurativo. Mejora la actividad del páncreas y es excelente también para la diabetes. Reduce la presión arterial, favorece la circulación sanguínea y mejora la actividad cardíaca. Estimula la micción y, gracias a ello, es excelente en dietas y para la retención de líquidos en el organismo.

Los efectos de las hojas de diente de león serán apreciados por todos aquellos que tengan una producción excesiva de jugos gástricos (es excelente el jugo de hojas de diente de león, un chupito antes de comer), así como por los reumáticos (es excelente una cura de seis semanas, comiendo un puñado de hojas de diente de león al día),

Entra en el meridiano del corazón y del intestino delgado, tiene una naturaleza refrescante y un sabor amargo.